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14 de enero de 2021

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¿Por qué los navegantes viven mejor?

Esther Aperador 26/12/2020

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La navegación es buena no sólo desde el punto de vista físico, sino que también desde el punto de vista psicológico. Cualquiera que se haya estresado durante este período de “confinamiento” por el coronavirus, puede haberse dado cuenta. Muchos amantes de la navegación estuvieron alejados de su barco y tomados por la desesperación de no poder llegar a él, aunque sólo fuera para asegurar los amarres o para pequeños trabajos a bordo. El barco, para los entusiastas de la náutica, constituye la “zona de confort” y es una fuente de bienestar.

Elisa Deponte, Psicóloga Clínica y Psicoterapeuta Psicoanalítica, miembro del personal del Departamento de Bienestar de la Universidad UniMeier de Medicina Económica Integrada y de la Asociación Internacional de Psicología Clínica y Psicoanálisis Deportivo ayuda a comprender cómo la navegación ayuda a aumentar la autoestima y la capacidad de resolver los problemas de la vida cotidiana. Durante años ha realizado actividades de investigación y ha implementado proyectos de bienestar con herramientas psicoanalíticas en el deporte y la navegación.

La doctora Deponte (navegante e instructora) tiene un curriculum lleno de publicaciones científicas y libros. Con su último trabajo “Trazar la ruta: Herramientas de auto-fortalecimiento“, la psicóloga explica por qué los navegantes viven mejor.

Capacidad de adaptación

“Los datos de las investigaciones y proyectos que hemos comenzado con sujetos sanos hablan por sí solos”, comienza Elisa. “La experiencia de la navegación les ha ayudado a superar las dificultades psicológicas que surgen de la vida cotidiana”.

El velero es realmente una “escuela de vida“, un laboratorio en el que ponerse a prueba: “El primer resultado positivo que encontramos fue un aumento de la capacidad de adaptación, es decir, la capacidad de manejar situaciones y conflictos complejos, sabiendo a veces cómo manejar la frustración”.

La vela desarrolla una atención selectiva y focal

¿Pero por qué está sucediendo esto?

En primer lugar, hay una razón neuropsicológica. Navegar en un barco te obliga a desarrollar tus habilidades de atención. En primer lugar y ante todo desde el punto de vista de la selección de la atención. Hay muchas cosas en las que pensar a bordo: ajustar las velas, dirigir, manejar la tripulación. Cada una de estas acciones merece un poco de atención, estimulando a nuestro cerebro a pensar en varios frentes. Luego está la atención focal: la habilidad de poner todo en segundo plano para enfocar la mente en un solo estímulo.

Este es el caso, por ejemplo, de una emergencia a bordo o de una maniobra repentina e inesperada: en este caso la vela es magistral. Es una solución continua de problemas que nos saca de nuestro caparazón y nos da la capacidad de usar nuestra agresividad para acciones explosivas y decisiones “por segundo”. Una buena atención selectiva y centrada se traduce en una mejor toma de decisiones, en el barco y en la vida”.

El hecho de que el velero nos ponga frente a una continua resolución de pequeños problemas abre otro tema muy interesante, el de la definición de nuestro “lugar de control”. En psicología esto indica la manera en que un individuo cree que los acontecimientos de su vida son producidos por su comportamiento o acciones, o por causas externas fuera de su control.


Aprendiendo de errores

“En un barco puedes inventarte algunas excusas. Cada acción, a bordo, tiene efectos inmediatos: en caso de fracaso, que puede ser por ejemplo una maniobra equivocada o una driza dejada en el momento equivocado, el navegante “aprende la lección” y es llevado a preguntarse dónde se equivocó y cómo puede hacer diferente para mejorar.

Esta capacidad de comprender lo que está determinado por la responsabilidad propia y lo que, por otra parte, se produce por los acontecimientos externos es también muy útil en el trabajo y en la vida cotidiana”.

No es de sorprenderse que las empresas hagan un uso extensivo de la navegación para eventos de construcción de equipos.

Autoeficacia percibida

Manejar situaciones complejas

Vela

Hablamos de la vela como una “droga milagrosa” para aumentar la capacidad de afrontamiento: esto trae consigo otro factor positivo, que es el aumento de la autoeficacia percibida. “El haber sido capaz de manejar situaciones difíciles, como emergencias y problemas en el barco, lleva a tener mucha más autoestima y a decir ‘puedo hacerlo de nuevo’, aumentando la determinación y las posibilidades reales de éxito.

El barco te da la oportunidad de lidiar con condiciones inusuales de una manera “controlada” y salir de ellas confiando en ti mismo o en la colaboración de los miembros de la tripulación. No derrota el miedo, pero ayuda a manejarlo. Por otro lado, todos los navegantes lo repiten: por suerte, el miedo es el que no te hace hacer nada estúpido.

El desarrollo del YO corporal

La “Velaterapia” también se experimenta con éxito con pacientes que sufren de trastornos mentales y psicosomáticos: “Al subir a un barco, uno puede desarrollar su propio cuerpo, es decir, consolidar su identidad a través del movimiento.”

La navegación es física, en el contexto del “barco” el navegante puede usar su cuerpo para lograr el rendimiento requerido sin demasiadas inhibiciones y mejorarse a sí mismo.

El poder terapéutico de la rutina

Por último, y aquí estamos volviendo a conectar con el discurso inicial sobre el trabajo a bordo, la navegación es una rutina: “Cuidar del barco se convierte constantemente en un hábito. Y los hábitos nos dan seguridad y estabilidad, son un faro entre la incertidumbre y las dificultades cotidianas. Cuando el propietario se dedica a su barco, con trabajos de mantenimiento rutinario (como la limpieza de la cubierta o de las velas), le hace sentirse bien porque está cuidando algo que ha decidido incluir en su esfera íntima. Cuidando el barco, se cuida a sí mismo”.

Este artículo es una traducción del artículo de Eugenio Ruocco, Giornale della vela.

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Categoría: : Holiday Ideas
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